TEP-946 (UCA) apuesta por la economía circular al desarrollar materiales innovadores a partir de corcho, algas y hueso de aceituna
Convertir residuos agrícolas y marinos en materiales avanzados capaces de dar forma a objetos de gran tamaño mediante impresión 3D ya es una realidad. El grupo Materiales y nanotecnología para la innovación TEP-946 de la Universidad de Cádiz desarrolla nuevos polímeros sostenibles a partir de subproductos como el corcho, el hueso de aceituna o las algas, demostrando que la economía circular puede integrarse en tecnologías de fabricación avanzada y generar soluciones innovadoras con impacto industrial y ambiental.
Alberto Sanz de León, investigador de este grupo, encabezado por Sergio I. Molina, explica las líneas que desarrollan, los datos obtenidos más relevantes y la importancia de pertenecer al Campus de Excelencia Internacional Agroalimentario ceiA3.
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¿Qué líneas de investigación realiza su grupo?
Nuestro grupo de investigación trabaja principalmente en el desarrollo de nuevos materiales poliméricos sostenibles para fabricación aditiva, especialmente en el ámbito de la impresión 3D de gran formato.
Somos un grupo de materiales en el Departamento de Ciencias de Materiales y trabajamos principalmente en nuevos materiales poliméricos sostenibles, plásticos que tienen muy mala fama, para hacer esos plásticos más sostenibles y no depender tanto de los derivados del petróleo. Allí hemos tenido muchos proyectos en el contexto de valorización de agresiduos: residuos de corcho, de huesos de aceituna, de poda de olivo. También valorización de algas con la empresa pública de Puerto Real para evitar los malos olores y la descomposición en las playas. Intentamos buscarle a todos esos agroresiduos biológicos que normalmente se incineran una utilidad de valor añadido siempre con la visión de la impresión 3D.
Por ejemplo, con el corcho hemos diseñado y fabricado productos de mobiliario, lámparas, taburetes y hasta un kayak funcional. Mezclamos las partículas de corcho con un plástico, hacemos ese plástico más sostenible y bajamos su huella de carbono. Con las algas hemos extraído celulosa para hacer maceteros y con el hueso de aceituna hemos hecho botelleros para las propias botellas de aceite de oliva, de forma que es algo circular dentro del mismo sector. Nuestro grupo tiene un perfil interdisciplinar muy interesante con químicos, ingenieros de diseño, ingenieros mecánicos y arquitectos.
¿Qué proyectos querrían destacar como ejemplos en los que haya participado el grupo?
En este contexto, hemos participado en diversos proyectos nacionales y regionales centrados en la valorización de agroresiduos, como el corcho, el hueso de aceituna o restos de poda de olivo, en colaboración con otras entidades como la Universidad de Jaén o centros tecnológicos como el ICSURO en Cataluña.
La idea fundamental es transformar residuos procedentes de la industria (que habitualmente no se aprovechan y se destinan a combustión) en materiales con valor añadido. En nuestro caso, los utilizamos como aditivos o refuerzos en matrices poliméricas para su uso en impresión 3D.
Uno de los aspectos más diferenciales de nuestro trabajo es su aplicación en impresión 3D de gran formato, donde somos capaces de fabricar piezas de más de un metro cúbico. Esto nos ha permitido desarrollar demostradores muy interesantes: por ejemplo, mobiliario a partir de corcho, un kayak completamente funcional que incluso presenta capacidad de flotación, o botelleros fabricados con compuestos basados en hueso de aceituna.
Además, también hemos trabajado en proyectos de valorización de biomasa acuática. En colaboración con una empresa pública de Puerto Real, que gestiona la retirada de algas de las playas, hemos explorado su transformación en celulosa y otros materiales de interés estructural, llegando a fabricar productos como maceteros mediante impresión 3D.
En general, creo que estos proyectos demuestran la viabilidad técnica de integrar residuos de origen biológico en procesos avanzados de fabricación, contribuyendo tanto a la economía circular como al desarrollo de nuevos materiales funcionales.
¿Cuáles son los datos obtenidos más relevantes hasta el momento?
Tenemos una empresa de base tecnológica (spinoff) derivada del grupo, donde se comercializan muchos de esos productos basados en corcho o hueso de aceituna. A nivel de divulgación, cubrimos todo el espectro: desde ámbitos científicos con publicaciones en revistas de bastante impacto hasta la parte social con visitas a institutos y la Semana de la Ciencia.
¿Qué importancia cree que tiene pertenecer al ceiA3 y qué oportunidades puede aportar?
Pertenecer al Campus de Excelencia Internacional en Agroalimentación ceiA3 es especialmente relevante para nuestro grupo, ya que nos sitúa dentro de una red multidisciplinar de universidades y equipos de investigación con un fuerte enfoque en el sector agroalimentario.
Esto no solo facilita la colaboración científica, sino que también permite conectar de manera más directa con el tejido productivo, algo clave en líneas como la nuestra, donde la valorización de residuos requiere una estrecha interacción con la industria.
Además, el ceiA3 ofrece oportunidades muy interesantes en términos de proyectos colaborativos, acceso a infraestructuras y formación avanzada, a través de redes de investigación.
En nuestro caso, formar parte de este entorno potencia la transferencia de conocimiento y nos permite escalar nuestras investigaciones hacia aplicaciones reales, alineadas con los retos actuales del sector agroalimentario.
¿La bioeconomía está presente en sus líneas de investigación?
Sí, de hecho la bioeconomía es un eje central en nuestra actividad investigadora.
Nuestro trabajo se basa precisamente en transformar recursos biológicos infrautilizados como residuos agrícolas o biomasa marina en nuevos materiales con aplicaciones tecnológicas avanzadas. Esto encaja plenamente con los principios de la bioeconomía circular, donde se busca maximizar el aprovechamiento de los recursos, reducir residuos y generar valor añadido.
Además, al integrar estos materiales en procesos como la impresión 3D, contribuimos no solo a la sostenibilidad de los recursos, sino también a la innovación en los sistemas de producción.
¿Qué retos os planteáis?
El reto es conseguir productos cada vez más resistentes o incrementar el contenido de agrorresiduos para que sean lo más sostenibles posible. Pero el gran reto es el escalado: pasar de la escala de laboratorio a volúmenes suficientemente grandes para generar puestos de trabajo, crear empresas y fomentar un tejido industrial que ayude a la economía local y circular.






