Los datos que ayudan a combatir los malos olores
Un estudio realizado en Córdoba ha analizado cómo influyen las características de los residuos, el nivel de llenado de los contenedores y las condiciones climáticas en la generación de malos olores.
El crecimiento de las ciudades y el aumento de la población hacen cada vez más complejo el tratamiento de los residuos urbanos. Por ello, la gestión inteligente de estos residuos pasa por conocer cómo, cuándo y por qué se generan las emisiones que afectan a la calidad ambiental de nuestras ciudades. Un equipo investigador del grupo RNM-271 UCO-GREEN-ING, adscrito al Campus de Excelencia Internacional Agroalimentario, integrado en IQUEMA y en colaboración con el Departamento de Física de la Universidad de Córdoba, ha publicado uno de los estudios más completos sobre emisiones odoríferas asociadas a residuos municipales, desarrollado en el marco del ceiA3.
Odour and composition assessment of municipal solid waste in Córdoba: Implications for waste management and atmospheric impact reduction ha sido publicado en la revista Science Direct y firmado por M. Salinas, J. A. Siles, E. Muñoz-Serrano, M. C. Gutiérrez, A. F. Chica y M. A. Martín. Un trabajo que, durante dos años, ha analizado 232 muestras de residuos y gases en contenedores de materia orgánica e inorgánica distribuidos por distintos puntos de la ciudad, para identificar los principales factores que condicionan las emisiones de olores y compuestos orgánicos volátiles (COV).
Los resultados muestran que los contenedores de residuos orgánicos generan, de media, el doble de concentración de olor que los inorgánicos. Sin embargo, estos últimos también pueden emitir niveles elevados debido a la presencia de restos biodegradables depositados de forma incorrecta. De hecho, el estudio detectó que el 54 % de los residuos encontrados en los contenedores inorgánicos y el 28 % de los orgánicos no estaban correctamente separados. Además, la temperatura ambiente y el grado de llenado de los contenedores resultaron ser los factores que más condicionan la aparición de malos olores.
Estos resultados aportan una base científica para integrar el impacto odorífero en los sistemas inteligentes de gestión de residuos, contribuyendo al desarrollo de Smart Cities más sostenibles, eficientes y saludables.
Los investigadores concluyen que monitorizar el nivel de llenado de los contenedores permitiría optimizar la recogida de residuos y reducir las molestias para la ciudadanía. Sus modelos estiman que, en condiciones de poco viento y con contenedores completamente llenos, los olores pueden percibirse hasta a 8,5 metros de distancia, aunque en las condiciones habituales de Córdoba ese alcance se reduce a menos de tres metros. La metodología desarrollada puede aplicarse en otras ciudades para mejorar la gestión de residuos y minimizar su impacto ambiental y social.
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