Los paneles solares semitransparentes en invernaderos de la UJA reducen el calor y la demanda de agua
Cultivar en zonas áridas ya no significa agotar las reservas de riego. Un equipo de investigación de la Universidad de Jaén, —pilar del ceiA3— , ha demostrado que instalar techos solares semitransparentes (paneles fotovoltaicos que dejan pasar la luz justa) en la cubierta de los invernaderos transforma por completo la agricultura protegida. Esta innovación no solo genera electricidad limpia para la propia finca, sino que crea un microclima fresco en el interior que reduce el estrés térmico de los cultivos y disminuye drásticamente el consumo de agua de riego. Una combinación perfecta entre tecnología solar y eficiencia hídrica para asegurar la despensa del futuro.
Durante esta semana y hasta hoy 28 de agosto se ha estado celebrando la Semana Mundial del Agua, un evento internacional que busca crear conciencia sobre la importancia de este recurso vital. Promover un uso responsable y evitar su desperdicio, ante el impacto de su escasez, es una de las tareas más importantes en las que se focaliza el sector agroalimentario, para el que resulta un recurso imprescindible.
Las cinco universidades andaluzas que integran el ceiA3 (Almería, Cádiz, Córdoba, Huelva y Jaén) han realizado publicaciones durante este verano que dan a conocer los resultados de investigaciones y guías centradas en el mejor uso que pueda dársele a este recurso dentro del sector de la agricultura y la ganadería.
Un equipo de investigación de la Universidad de Jaén (UJA) ha comprobado que los paneles solares semitransparentes integrados en invernaderos producen electricidad al tiempo que reducen la temperatura y la demanda de agua. Su estudio revela que estas cubiertas crean un microclima más fresco y húmedo que protege los cultivos del calor extremo y reduce de forma significativa las necesidades hídricas. El avance ofrece alternativas para compatibilizar la producción agrícola y la energética en escenarios cada vez más cálidos y secos.
Esta combinación, denominada agrivoltaica, apuesta por el uso de una misma superficie para ambos fines, tanto al aire libre como en invernaderos. Sin embargo, hay que encontrar el equilibrio entre la radiación que necesitan las plantas para crecer y la que se aprovecha para producir electricidad. Con este objetivo, los científicos compararon dos tecnologías comerciales de paneles fotovoltaicos semitransparentes, una basada en telururo de cadmio, que transmite el 50 % de la radiación solar que llega al panel, y otra de silicio amorfo, que baja al 20 %.
Para comprobar su comportamiento, construyeron dos miniinvernaderos experimentales de apenas dos metros cuadrados, adaptados al tamaño de los paneles solares, y un tercero de cubierta transparente con las mismas dimensiones, que realiza la función de sistema de control. Durante aproximadamente un año, cultivaron de forma sucesiva tomates y lechugas en cinco ciclos. El objetivo no era tanto medir la producción agrícola, sino comprender cómo modificaban los módulos el ambiente en el que crecen las plantas.
De esta forma redujeron la temperatura dentro de los prototipos, con picos de hasta cinco grados menos, y aumentaron la humedad relativa, por lo que los cultivos necesitaron menos riego. “Esto supone una reducción del consumo de agua y del gasto económico que conlleva. El módulo fotovoltaico genera electricidad y proporciona al propietario una segunda fuente de ingresos, además de reducir los costes de mantenimiento del propio invernadero”, explica a la Fundación Descubre el investigador de la UJA Alejandro Cruz, coautor del estudio.
Fuente: Fundación Descubre






