El grupo RNM-350 investigan soluciones que ayudan al olivo a aprovechar cada gota
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¿Qué líneas de investigación realiza su grupo?
El título de nuestro grupo resume bastante bien a qué nos dedicamos. Somos botánicos la mayoría de los que trabajamos en estas líneas, aunque nuestra actividad se ha ido ampliando hacia otros ámbitos, como la Didáctica de las Ciencias, donde nuestra compañera Fátima Aguilera desarrolla propuestas para acercar el conocimiento de la biodiversidad y del patrimonio botánico a la enseñanza.
Dentro de la investigación botánica, nuestras dos disciplinas fundamentales son la Geobotánica y la Aeropalinología. Son los dos grandes pilares sobre los que se ha desarrollado buena parte de nuestra trayectoria.
Por un lado, la Geobotánica estudia cómo se distribuyen y organizan las plantas y las comunidades vegetales en el territorio y, sobre todo, trata de comprender por qué una determinada vegetación aparece en un lugar y no en otro. Para ello relaciona la composición y distribución de la vegetación con factores como el clima, el suelo, el relieve y la historia y dinámica del territorio. Nos permite, por tanto, conocer cómo es la vegetación de un territorio, cómo cambia a lo largo de los diferentes ambientes y cómo puede evolucionar en el tiempo. Este conocimiento tiene una clara aplicación en la conservación de la biodiversidad y en la restauración de ecosistemas, pero también conecta directamente con el ámbito agroforestal. En este contexto trabajamos, entre otras cuestiones, en el estudio y manejo de cubiertas vegetales del olivar, buscando proteger el suelo y reducir uno de sus principales problemas: la erosión.
Y, por otro lado, también realizamos estudios palinológicos, estudios de polen, de muestreo y captación. Tenemos varios captadores en la provincia donde personas del equipo están analizando continuamente esos datos que se registran en el aire y también en esporas. Últimamente se han abierto varias líneas en temas de esporas de hongos también. En aerobiología estudiamos además el polen y otros bioaerosoles, con aplicaciones relacionadas con la fenología y producción del olivar y con el estudio de esporas fúngicas. En los últimos años, esta línea se ha orientado también al estudio de la evolución temporal del polen aéreo y su relación con el cambio climático, así como a la generación de información aerobiológica útil para comprender la fenología y la producción de cultivos.
Otra de nuestras líneas históricas es el estudio y conservación de la flora y la vegetación, incluyendo biodiversidad, especies amenazadas, hábitats y restauración ecológica. La investigación en conservación también incorpora el estudio de especies de flora amenazada y endémica. Un ejemplo especialmente relevante es Cathissa villasina C.Salazar, Tercero & Mart.-Azorín, una especie endémica del sureste de la Península Ibérica descrita recientemente por investigadores vinculados al grupo. Los trabajos posteriores han abordado aspectos de su biología reproductiva, germinación, polinización y diversidad genética, aportando información fundamental para su conservación.
Es un equipo bastante heterogéneo dentro de lo que cabe, pero siempre centrado en el mundo de la botánica.
¿Qué líneas generales de proyectos querrían destacar como ejemplos en los que haya participado el grupo?
En la actualidad, y también en el pasado, hemos trabajado con cubiertas vegetales en el olivar, participando en grupos operativos —en colaboración con el área de mecanización de la Universidad de Córdoba y con la coordinación del ceiA3— para seleccionar mezclas de semillas nativas colectadas en los propios olivares, evaluando su capacidad de germinación y cobertura.
Hemos realizado una cooperación internacional para el desarrollo, proyectos históricos de conservación en ecosistemas de selva y manglar en República Dominicana. Y también intervenciones en el corredor seco de Guatemala (en colaboración con la Universidad de Santiago de Compostela y Acción contra el Hambre), donde continuamos con el desarrollo para iniciar nuevas líneas con temas de abejas, apicultura y para combatir la hambruna e inseguridad alimentaria originada por sequías extremas durante la época de canícula.
Con nuestros conocimientos aplicados, hemos desarrollado soluciones tecnológicas para mejorar la disponibilidad de agua en condiciones de sequía. Una de ellas es la patente Nodriza, inicialmente concebida para favorecer la supervivencia de plantas en restauración forestal. Es un sistema pasivo que capta agua de lluvia y la libera progresivamente en la zona radicular mediante un sistema de liberación controlada. Esta tecnología se ha probado también en proyectos de cooperación en Guatemala, donde se adaptó a cultivos locales y se obtuvieron resultados favorables, entre ellos un incremento del 19 % en la producción de ñame.
La otra línea de innovación se orienta a un dispositivo multifunción para el olivar que combina el abrevado de fauna con la captación e infiltración de agua hacia el suelo y la zona radicular del árbol.
¿Qué datos obtenidos consideran que son los más relevantes?
Parte de los resultados que estaban en fase de publicación ya se han materializado en trabajos científicos. En septiembre de 2026 se ha publicado en Frontiers in Forests and Global Change un estudio experimental sobre la eficiencia de la patente Nodriza en la supervivencia y establecimiento de encinas bajo estrés hídrico.
En ese estudio realizamos dos experimentos de campo con encinas. En el primero, las plantas tratadas con Nodriza alcanzaron una supervivencia del 87 %, frente al 0 % de los controles, además de presentar mayor humedad del suelo durante el periodo seco y mayor altura y diámetro basal al final del ensayo. En un segundo experimento, en el que comparamos Nodriza con un dispositivo comercial (Groasis) y con un control, la supervivencia fue del 100 % con Nodriza, frente al 87 % con Groasis y el 70 % del control.
En los proyectos de cooperación hemos trabajado con distintos cultivos locales, estudiando cómo mejorar su resiliencia frente a los periodos secos. Aunque el régimen de precipitaciones sea diferente al mediterráneo, la irregularidad de las lluvias y la ausencia de infraestructuras de almacenamiento pueden hacer que determinados periodos de sequía tengan un impacto muy importante sobre la producción agrícola.
Entonces quisimos llevar nuestra patente, pensada inicialmente para la restauración forestal, a determinados sistemas agrícolas y adaptarla a sus necesidades. En el Corredor Seco guatemalteco existe un periodo de sequía estacional conocido como canícula que puede comprometer seriamente cultivos básicos como el maíz y el frijol, especialmente en años adversos.
Los resultados de estos ensayos de chipilín y yuca sufrieron problemas de plagas e infecciones en las parcelas de prueba. Mientras que en el ensayo de chaya y ñame se obtuvieron resultados altamente favorables; la chaya logró resistir la época seca y en el cultivo de ñame se logró un incremento en la producción del 19 %, asegurando la supervivencia de las plantas sin aportes hídricos externos.
Luego, con el tema de las cubiertas vegetales, realizadas junto con compañeros de la Universidad de Córdoba y el ceiA3, hemos conseguido mezclas de especies nativas con resultados interesantes en germinación y cobertura del suelo. Seguimos trabajando con estos datos para evaluar su comportamiento y avanzar en nuevas publicaciones.
¿Qué importancia cree que tiene pertenecer al ceiA3 y qué oportunidades de investigación puede aportarles?
El ceiA3 es importante como agente coordinador de todos los equipos de trabajo, ya no solo universitario, sino también a nivel de los grupos operativos donde también realizáis gestión administrativa, que nos ahorra mucho trabajo a los investigadores. Por lo que, verdaderamente, hay que reconocer que hacéis una gran labor en ese sentido.
Además, la pertenencia al ceiA3 facilita la conexión con otros grupos y con el tejido agroalimentario, algo especialmente importante para una investigación que busca pasar de la caracterización científica del medio a soluciones aplicables en el territorio.
¿Retos de cara al futuro?
Sigue activa la línea de trabajo de cubiertas vegetales del olivar y continuaremos trabajando en su selección, evaluación y aplicación. También queremos seguir desarrollando las soluciones tecnológicas relacionadas con la gestión eficiente del agua y ampliar las pruebas de campo de nuestros dispositivos.
Uno de nuestros retos es conseguir financiación para avanzar hacia una mayor validación en campo y, cuando sea posible, hacia la industrialización de estas soluciones. Queremos seguir realizando ensayos que permitan cuantificar su eficacia y publicar los resultados, de manera que el conocimiento generado pueda convertirse en herramientas útiles para la restauración, la agricultura y la gestión sostenible del agua.
En conjunto, nuestra trayectoria intenta conectar el conocimiento botánico del territorio con problemas ambientales y agroforestales concretos: conservación de la biodiversidad, restauración de la vegetación, manejo de cubiertas en el olivar, seguimiento de bioaerosoles y búsqueda de soluciones frente al estrés hídrico.






